Me enojo porque te amé, porque pensaba en ti de la manera más bella y aún así, me decepcionaste de la peor manera.
Una impoluta noche de Noviembre realmente no esperaba que mostraras de repente... tus verdaderos colores. Fue así como me sorprendiste porque ya tenías todo planeado, solo esperabas el momento exacto para poder sacar eso que llevabas dentro desde Dios sabe cuando. Fue de una manera vil, cruel, cobarde donde sentí esa puñalada por la espalda una y otra vez que me atravesó de modo lento y agónico... A su vez dolorosa. Nunca esperas eso de la persona que más confianza y amor le tienes, porque el amor es un arcoíris...
El amor brilla a través de un espectro de emociones... El rojo es la pasión, el rosa es ternura, el naranja es calidez, el amarillo es felicidad, el verde es paz, el azul es confianza, el índigo es profundidad, el morado/violeta es místico.
Nosotros empezamos con un tono naranja, a las semanas amarillo, con el paso de los meses nuestro idilio tuvo tintes rojos, después cambió a un tono diferente, el cambio de color no significaba que ya no fuera amor, pero había ocasiones que no sabía cómo del rojo cambió al naranja en escala de degradados donde sentíamos calidad y complacencia, para que posteriormente fuese nada. Nuestro amor siguió cambiando de color, sin embargo para mí nunca dejó de brillar intensamente, pero tú... Tontamente creías que fue monocromático y que se había terminado el amor. Me atrevo a decir que nunca viste mi amor como yo lo vi contigo y tergiversaste colores como un daltónico.
Ahora solo espero que vivas con los colores adecuados para ti y tu corazón, para que éste viva en sincronía, calidez y armonía con tu sentir, pensar y que nunca vuelvas a cambiar un tono verde y rojo o azul, por un tono gris o negro.
En escala de colores... Es un mediocre.
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