Espero que a algún día alguien recite esto en su cabeza cuando yo me
vaya: "La dejé ir y estuve esperando mientras me sentía estafado y
moribundo de amor".
Volverte a mirar a esos ojos tan llenos de poder, llenos de placer llenos de traición, son cafés como el café Jarocho, tan penetrantes aquellas miradas, desviando los ojos uno del otro, evocando al olvido ...
Perdí la capacidad de dar forma a las frases desde que intenté forzarlo
todo, desde que me hice con escoplo y pulidora, desde que me olvidé de
que sobre el mantel me esperan retorcidas las palabras, desde que empecé
a notar mis caídas no en el trayecto sino en los golpes contra el
suelo, muebles, paredes, puertas automáticas de Urgencias.
Cuando tú te mueras. Cuando se mueran todos los tús. Cuando todos los
tús se hayan ido. Cuando llegue un día en que alguien me diga que tú has
muerto. Cuando un día se apague el cielo, y se acabe el mundo porque ya
no estés. Cuando un día se descuajaringuen las constelaciones. Tengo la idea de que no querrías morir, tengo, tengo, tengo, pero no te tengo a ti. Cuando un
día sepa que me perdí todos los días o solo un día de llamarte por
teléfono, un día de poder tenerte al alcance de la mano y permitirme
decir que mejor nos vemos otro rato. A ningún sitio del mundo podré ir
para no encontrarme contigo. En ninguna ciudad podremos no vernos. En
ningún año podré quererte. Una noche te escuché contarme una historia tan fútil, que deberías de estar en Azkaban. Mi
amigo H se ha muerto.Te quise. Te quise. No te quise, y a lo mejor eso es lo único que me
redime de no haberme destruido en cachos minúsculos cuando me dieron
la noticia. Quiero el mes de Abril, quiero llamarte. Que lo sepa todo el
mundo: se ha muerto H, mi amigo. Se han
acabado todas las calles, estarás en otro lado del mundo. Basta.
Ocho veinte marca el meridiano, para cuando termine de escribir ya serán las nueve.
Hace una hora preparé café, para este momento ya está frío, olvidé
tomarlo. Tengo ganas de platicar, pero no se a quien. Margarita duerme en su cama, la puede ver desde aquí, boca a abajo,
suspirando de repente. Tengo
ganas de escribir y que me escriban, solo eso.
En estos tiempos que corren en los que nadie se detiene a masticar un
verso dentro de la boca varios minutos como si fuera uno de esos
caramelos blandos que se quedan pegados al paladar, no viene malamente
recordar que existen los versos degustables.
Por qué me gusta Orgullo y prejuicio: porque al asno de mi corazón a
veces le encanta la miel, porque leer una historia de amor es la mejor
manera de lavotearse el cinismo. La misma Jane Austen dijo que era una
felicidad que los buenos terminasen
juntos y es cierto, a veces basta con que los buenos de la historia
terminen juntos. También porque me parecen un prodigio los diálogos
entre Lady Catherine y Elizabeth, el sarcasmo derrotado y cruel del
señor Bennett, el retrato preciso e hilarante de los personajes
ridículos, el mundo tan constreñido de pequeñas cosas en el que saber
cuántos caballos conducen el carruaje de una persona o cuántas plumas y
de qué pájaro llevaba una señora en el sombrero te daba una idea de su
lugar en el mundo.
