Ahora que me voy a morir, le dijo en voz alta, puedo decírtelo, aunque quizá sea vanidad, no importa, el caso es que ahora que me voy a morir y antes de que llegue la decadencia de mi cuerpo, antes de que no pueda sostenerme en pie o sentirme adolorida, te lo voy a decir: estoy triste de irme porque me voy a perder saberte, y verte los días y esa manera nueva que tengas de peinarte, o tu sonrisa dentro de seis años, tus ojos cerrados una tarde de siesta bajo el sol, un hijo que fuera nuestro adormecido en tu pecho, tus pasos por el mundo acompasándose a los míos, un vestido que me eligieras, todos los besos. Y solo te lo digo porque me muero, porque es imposible que viva mucho tiempo, porque camino rápido y tengo que irme pronto, y no quiero perderme sin que sepas que cuando te veo, veo cosas que no han pasado y que quizá no pasen nunca: una camisa blanca tuya, planchada, colgada en un perchero, esperándote, las mancuernillas que yo pusiera en los ojales de las mangas, y finalizar con el nudo de corbata, un jueves en el que nos despertara el gato, o el perro, todas las cafeteras, una calle más importante que las otra, un puñado de monedas que me dieras mirándome a los ojos, para el bondi, para el pan, para el rito.
Y esta canción muy alta resonando por nuestra casa, contra las paredes y de nuestra vida goutée à deux, malheureuse ou heureuse, palabras al oído, cada una de las noches en las que durmieras a mi costado, las peores lágrimas, el mayor amor, los mediodías y todos los domingos por la tarde, el olor tuyo en mis manos cuando te alejaras, periódicos recortados, una manera de mezclar hielo y alcoholes solo nuestra, el punto de las carnes y el color de los pescados, el sexo, no vulgar, no corriente, la seducción, servilletas dobladas, carreteras bajo nuestra vida, los campos cubiertos de nuestros manteles o nuestros caballos, mis poemas leídos con tu dulce voz atándose a una vela, aunque no serían mis poemas ya que yo no los escribí, el autor, fuiste tu, igual me los hiciste a mi, por eso menciono que son míos, tus libros que yo acariciara, botones desabrochados, cremalleras subidas, vasos nuevos, lagos, mares, ríos, tempestades, lluvias pequeñitas tras los cristales. Y te lo digo porque es a ti a quien quiero decírselo ahora que me muero y no queda otro remedio que desaparecerme con esta tierra que nunca me prestó terreno para meter mis pies y crecerme enraizada. No hago esto para que te sientas obligado a la pena, solo quiero que veas como yo veo las estrellas arriba de los dos, encima nuestro, estrellas y más estrellas o algún efecto de esos... que la naturaleza nos muestra, que la astronomía nos enseña, ambos, compartimos el gusto por las auroras boreales, o fenómenos de ese tipo, que podrían habernos mirado en quietud efervescente, cualquier noche, hoy, antier, ayer, dentro de siglos, como si fuésemos a existir para casi siempre, y no es así, y por eso he venido a decirte que cuando mal respiro si estás cerca es por todo ese tiempo que no vamos a hacer existir nunca, por todos esos instantes clavados en alfileres importantes y todos esos instantes que se escapasen insignificantes. Esto no es una tristeza, es mi manera, es la única forma que conozco de decir que cuando resuenan las trompetas para el fin también resuenan para la celebración del rato que queda hasta el fin.
Ah, sí, mírame así como me miras ahora que te digo que voy a morir, y solo por eso te confieso que quisiera quererte hasta llegar a todos los bordes y todos los abismos y todas las alegrías y las fiestas y una vida que nos mantuviera despiertos y embarcados de aquí a China, si yo fuera un tú tuyo, si yo fuera ésa de la que dijeran “es suya”. No es más que esto lo que quería decirte, dientes apretados aunque sin miedo, llena del dolor más horrible de todos, que es el dolor de no existir, el dolor por adelantado de no existirnos, el dolor de no poder abrir nunca mis manos sobre las tuyas.
Amado lector, espero que adivines para quien van dirigidas estas letras, no, no es para Hugo, definitivamente no, y también son ideas surgidas que no se si van para alguien o solo es una fábula.

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